Dios salve a la Reina Myrna – Un artículo de Ana Torres-Alvarez

En el año 1936 una popular revista cinematográfica americana hizo una votación popular para ver a quiénes consideraban el público los reyes de Hollywood. Votaron más de veinte millones de personas. El rey, todo el mundo lo sabe, fue Clark Gable pero lo que muchos no conocen es quién fue votada reina de Hollywood, y esa no era otra que Myrna Loy.

Myrna Williams, que ese era su auténtico nombre, nació en Helena una entonces pequeña ciudad de Montana que ha dado al cine dos auténticas estrellas, Myrna y Gary Cooper, de hecho sus familias se conocían pero la propia Myrna en una entrevista recordaba que, a pesar de ser de la misma quinta, nunca llegó a ser compañera de juegos del pequeño de los Cooper.

Pronto se trasladó a California con su madre tras quedar ésta viuda; allí Myrna Williams llegó a ser una pequeña celebridad en el instituto donde estudiaba, Venice High School, ya que hay una estatua suya que incluso se puede ver unos instantes al comienzo de la película Grease donde tuvo lugar el rodaje. La estatua no se erigió cuando ya era toda una estrella sino a los 16 años ya que, en realidad, se trataba de un ejercicio de arte donde ella posó como modelo. Eso sí, los premios anuales de teatro del instituto Venice se llaman Myrna en su honor.

La carrera de Myrna Loy es, en sí, una lección de Historia del Cine. La introdujo en el cine nada más y nada menos que Rodolfo Valentino, participó con pequeños papeles en películas míticas del cine mudo como el primer “Ben Hur” y en las dos primeras con sonido “Don Juan” y “El Cantor de Jazz” (The Jazz Singer). Su aspecto exótico, morena y con esos ojos almendrados la hizo interpretar, entre otros papeles, a la hija de Fu-Manchú (Boris Karloff). Su carrera estaba salpicaba de títulos interesantes pero aún no era considerada una estrella…

Hasta que llegó el año 1934. Aunque rechazó el papel que luego haría Claudette Colbert en “Sucedió una Noche” (It Happened One Night), lo hizo por el papel que la llevaría a ser la actriz más cotizada del momento, Nora Charles en “La Cena de los Acusados” (The Thin Man). Se trataba de una película basada en una novelita de Dashiell Hammett que se consideraría de Serie B con un presupuesto que apenas sobrepasaba los 200.000$ y con sólo 12 días de rodaje pero que resultaría tal éxito de taquilla que hizo que se rodaran 6 secuelas (cuando en aquellos años la palabra secuela no usaba en Hollywood) y que sus protagonistas, Myrna Loy y William Powell se convirtieran en la pareja cinematográfica por antonomasia con hasta 14 apariciones juntos. Pero si esta comedia sofisticada de suspense, algo también novedoso en aquellos años pero que ahora resulta de lo más normal como hemos visto en series de TV como Castle o Luz de Luna, no era ya más que suficiente para poner a Myrna en la cumbre, en el mismo año fue protagonista de un film de cine negro de nuevo junto a William Powell, al que se le unía Clark Gable:El Enemigo Público Número Uno” (Manhattan Melodrama). A partir de ahí comienza el “reinado” de Myrna Loy, una de las actrices mejor pagadas y elegida dos años consecutivos la número uno de la lista de actrices más rentables de la industria. Su nivel de popularidad estaría incluso por encima de una actriz que hoy en día se considera la reina de ese tipo de película donde triunfaba Myrna como es Katharine Hepburn, pero sin embargo, en la actualidad, parece que nadie recuerda quién era Myrna Loy.

Moviecrazy - Myrna Loy, William Powell, Skippy

Myrna, William Powell y Skippy (Asta)

Y, ¿a qué se debió esto? Por un lado a la moda, si algún crítico o escritor de “prestigio”, en el momento preciso le hubiera dado por publicar artículos y libros sobre Myrna Loy como se ha hecho sobre otras actrices, todo el mundo conocería a Myrna en la actualidad. Por otro lado, Myrna no murió joven, como Carole Lombard, para ser olvidada sino a los 88 años. Myrna nunca fue nominada a un Óscar, pero eso nunca ha sido motivo para la creación de mitos recuérdense el caso de Marilyn Monroe. Myrna ha estado muchos años semi retirada del cine, pero no en plan ermitaño como Greta Garbo. Su actitud moderna y altruista ha hecho que para Myrna el cine no sea lo principal de su vida y tal vez, por eso, no se la reconoce en la actualidad como a otras actrices de la época.

Pero, ¿por qué a partir de 1940 Myrna Loy desapareció del cine? No se le podía achacar a la edad, ese problema que en Hollywood parece que sólo lo sufran las actrices, porque aún ni había cumplido los 40, no. La razón es que Myrna tenía otras inquietudes. Se fue de viaje por Europa en 1939 junto a su marido y descubrió la amenaza de la guerra, a partir de entonces se dedicó de lleno a participar en una serie de actividades para recaudar fondos para organizaciones como la Cruz Roja, de hecho, tal dedicación le supuso el divorcio de su marido, pero Myrna continuó con su labor social visitando hospitales militares. Al terminar la guerra, regresó a Hollywood para proseguir con la serie de El Hombre Delgado aunque la MGM prácticamente la había dejado de lado, ya se sabe, las modas cambian, pero la respuesta de Myrna Loy tras abandonar el estudio en el que estuvo durante 15 años fue, nada más y nada menos que un papelón en un clásico de la post-guerra: Milly en la cinta de William Wyler “Los Mejores Años de Nuestra Vida” (The Best Years of Our Lives). Hizo un par de films con Cary Grant pero como Myrna era demócrata de las reconocidas se la empezó a acusar de tener contactos con el Partido Comunista. Myrna Loy, siempre luchadora, decidió responder a esto creando, junto a otros actores, el Comité de la Primera Enmienda y luchando contra la caza de brujas. Tras ello, Myrna comenzó a trabajar para la Asociación Americana en las Naciones Unidas y se involucró de lleno en el trabajo de la UNESCO que le hizo viajar por todo el mundo.

Myrna y Fredric March en 'Los mejores años de nuestra vida'

Myrna y Fredric March en ‘Los mejores años de nuestra vida’

Cuando regresó, en 1950, dejó Los Ángeles y se estableció en Washington y New York, dándole más importancia a su trabajo en las Naciones Unidas que al cine, donde sólo regresó en muy contadas ocasiones. Aunque sí se dio el gusto de poder debutar en Broadway en 1973 con la obra “The Women” que llevó al cine años antes George Cukor y que, a pesar de ser un film MGM con todas las estrellas femeninas del estudio, Myrna no tuvo lugar en él. Luego fundaría la compañía de teatro American Place Theatre, sin ánimo de lucro para dar oportunidades a nuevos escritores.

La realidad es que la reina de Hollywood no fue una reina ociosa que vivió de su reinado, sino que no paró de trabajar, si no se la veía en películas es porque, para ella, había cosas más importantes a las que dedicarle su tiempo. Para ella, las causas justas eran más importantes que la gran pantalla. Sí, Myrna Loy era una actriz sofisticada y llena de glamour que se le daba igual de bien la comedia que el drama pero que también ha demostrado ser una persona excepcional y a la que hay que poner en el lugar que se merece en la Historia del Cine. Como dijo su compañero y amigo William Powell: “Dios salve a Myrna I”.

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Sobre el autor /

Directora, guionista y escritora de cine.

4 Comentarios

  • moviecrazy

    moviecrazy

    5 años ago

    Gracias por el estupendo artículo, Ana. Entiendo tu admiración por Myrna, yo también doy bastante importancia a la faceta humana de mis estrellas favoritas. Me gusta pensar que además de ser únicas y únicos en lo que hacían en el cine también eran grandes personas. Y que conste que sigo admirando a John Wayne, Ginger Rogers, Irene Dunne y compañía… en su faceta profesional :p

  • moviecrazy

    moviecrazy

    5 años ago

    Que no se entere Ana de que tu actriz favorita, después de Lauren, es Kate. 😀

  • Avatar

    Betty

    5 años ago

    Fantástico artículo Ana. Lo reconozco, no he tenido a Myrna tan presente como debiera. Ahora que sé más cosas de su vida más me apetece ver sus películas.

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