Llamadme blasfemo, pero este número musical sobra. Es innecesario y aburrido, el gran elefante blanco de Cantando bajo la lluvia y probablemente de todos los musicales clásicos. Todos lo pensamos pero nadie se atreve a decirlo.

En el fondo poco importa; el resto de la película es tan, tan buena que da igual, pero que me aspen si no tengo siempre el mando a distancia preparado para saltarme esos minutos.