En los albores de la década de 1950, Universal-International decidió que el hurto en tiendas no era solo un delito de poca monta, sino el equivalente a traficar con droga dura. El sargento de policía Jeff Andrews (un pétreo Scott Brady) se infiltra en una sofisticada red criminal que opera en grandes almacenes de California. Allí se cruza con Faye Burton (Mona Freeman), la cleptómana hija de un juez que ha sido chantajeada por la líder de la banda, la magnética Ina Perdue (Andrea King). El nudo arrastra a nuestros protagonistas en una huida contrarreloj que culmina en la frontera de Tijuana.
Para el espectador contemporáneo, la idea de un sindicato del crimen organizado dedicado exclusivamente a vaciar estanterías de centros comerciales puede sonar deliciosamente ridícula. Sin embargo, la mayor virtud (y por momentos el mayor defecto) de la dirección de Charles Lamont es la absoluta seriedad con la que se toma el material. La película abre con estadísticas solemnes sobre las pérdidas multimillonarias del shoplifting, adoptando el tono semifactual y cuasidocumental tan de moda en el noir de posguerra.
Visualmente, la cinta convence gracias a la nítida fotografía en blanco y negro de Irving Glassberg, quien logra exprimir texturas urbanas interesantes de los almacenes y las escenas en la frontera. No obstante, el guion de Irwin Gielgud carece de la ambigüedad moral o el nihilismo poético de los grandes clásicos del género policiaco. El romance entre el policía infiltrado y la atribulada cleptómana avanza a trompicones, coronado por una resolución psicológica involuntariamente cómica donde el protagonista asume que el amor curará mágicamente una enfermedad mental.

Pero el verdadero valor recreativo de I Was a Shoplifter en la actualidad radica en su reparto secundario. Es un auténtico juego de «atrapa a la futura estrella»:
Tony Curtis, con apenas 25 años y acreditado todavía como Anthony Curtis, interpreta a Pepe, un matón e insolente seductor de poca monta que ya desborda el carisma que lo haría famoso.
Rock Hudson, en un rol minúsculo como encargado de seguridad de los almacenes, Hudson aparece apenas unos instantes en pantalla, sirviendo como testimonio de los rigurosos años de aprendizaje en el sistema de estudios de la época.
