Critica La fiera de mi nina - Bringing Up Baby Critica La fiera de mi nina - Bringing Up Baby

Críticas

La fiera de mi niña, una comedia muy extravagante

La película de Hawks entremezcla confusiones, espontaneidad, superposición de diálogos y un ritmo frenético que el director resuelve con gran soltura, logrando así una comedia tremendamente imperfecta, absurda e incoherente que la convierte en la película clásica perfecta.

Natalia

Publicado

Cuando hablamos de comedia en la actualidad nos vienen a la cabeza una cantidad de películas inimaginables y cualquier espectador es capaz de destacar un título que le llame la atención. Por mi parte lo tengo claro: La fiera de mi niña (Bringing up Baby, 1938) siempre se posiciona como una de mis comedias preferidas.

Howard Hawks (1896-1977), fue uno de los directores más creativos y brillantes del cine clásico, no solo por su capacidad de interpretar distintos géneros cinematográficos –western, cine negro, bélico, entre otros– de manera muy personal, sino porque también fue capaz de llevar a la cumbre la comedia screwball.

Ahora bien, ¿cómo surge este tipo de comedia?

La llegada del cine sonoro -entre otras cosas- propició el desarrollo del género cómico a lo largo de los años treinta. Esta, tomó distintos elementos de la comedia slapstick reinventándolos y dando lugar a un nuevos subgéneros.

Este nuevo tipo de comedia se consolidó con la película Sucedió una noche (It Happened One Night, 1934) donde Frank Capra (1897-1991) madura todos los recursos y logra una fusión perfecta que da lugar a una nueva comedia que rompe con el pesimismo de las comedias anteriores. Por otro lado, también ayuda a sobrellevar el ambiente de la Gran Depresión que se gestaba en esos momentos.

La fiera de mi nina - Poster original

Cartel original de ‘La fiera de mi niña’ (Bringing Up Baby)

La fiera de mi niña caracteriza este subgénero cómico por completo; se muestran diálogos rápidos, escenas de humor, una clara puesta en escena y la famosa guerra de sexos, donde el hombre es humillado como recurso cómico habitual. Recordemos la escena donde Cary Grant aparece vestido con una bata de mujer, travestismo que por cierto se repite posteriormente en La Novia era él (I Was a Male War Bride1949).

Cary Grant, Katharine Hepburn y Mary Robson

Cary Grant, Katharine Hepburn y Mary Robson

La manera en la que los personajes están perfectamente definidos era otra de las capacidades del director. Quién iba a decir que le cogiésemos tanto cariño a esa Susan Vance (Katharine Hepburn) capaz de terminar con la paciencia de cualquier persona o al pobre David Huxley (Cary Grant), paleontólogo y hombre sumiso con el que empatizamos y que en muchas de las ocasiones sufrimos como él los enredos y calvarios a los que era sometido.

La comicidad de la película también reside en lo poco cuerdos que parecen estar todos sus protagonistas

Ejemplo de todo ello lo apreciamos en el robo de la ropa mientras se ducha, en la partida en el campo de golf donde le abolla el coche o en el cuidado del famoso leopardo llamado “Baby”.

Ambos personajes están unidos mutuamente por las peripecias que les acontecen a la vez que el espectador también es cómplice de como Huxley es seducido poco a poco por Vance, un personaje incómodo y travieso que revoluciona toda su vida.

Cary Grant y Katharine Hepburn en La fiera de mi nina

David Huxley y Susan Vance

No obstante, la comicidad de la película también reside en lo poco cuerdos que parecen estar todos sus protagonistas. Además, Hawks es capaz de invertir los roles, hace protagonista a una mujer impulsiva, caprichosa y alocada que lleva las riendas durante toda la trama frente a un Cary Grant opacado por su presencia y relegado a un personaje tímido y fácilmente manejable.

Todo ello, entremezclado con las confusiones, la espontaneidad, la superposición de los diálogos, las caídas y un ritmo frenético que el director resuelve con gran soltura, logrando así una comedia tremendamente imperfecta, absurda e incoherente que precisamente por ello logra -para mí-  la película clásica perfecta.

En definitiva, La fiera de mi niña es uno de esos films que todo el mundo tiene que disfrutar al menos una vez en la vida, se sea cinéfilo empedernido o no. Una comedia clásica que perdura en el tiempo y que se convierte en una referencia y precedente de muchas de las comedias que se elaborarían tiempo después.

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Noely
Miembr@

Mi comedia favorita es Con faldas y a lo loco pero esta me gusta mucho también. De las mejores de Katherine Hepburn.

El Gran Leblogski
Admin

“La fiera de mi niña” es la primera ‘screwball comedy’ que vi en mi vida. Ni recuerdo la cantidad de veces que puse la cinta donde la tenía grabada. Me la aprendí casi de memoria, llegando a imitar continuamente al Mayor Applegate para desgracia de mis padres y hermanos.

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‘El guateque’ (1968): Hrundi V. Bakshi, arma de destrucción masiva

El Gran Leblogski

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Moviecrazy - El guateque (The Party)

El poder destructivo de Jacques Clouseau no conoce límites, pero Hrundi V. Bakshi no se queda muy lejos. Estrenada en 1968, The Party es, probablemente, la comedia más divertida de los años sesenta. En la única ocasión en la que el tándem Blake Edwards-Peter Sellers no hizo un ménage-à-trois con el felino rosa, crearon una obra inolvidable y desternillante, improvisada y fabulosa.

Ambos eran fanáticos del slapstick y de la pareja formada por Stan Laurel y Oliver Hardy y se nota. No es necesaria una gran historia, ni una gran planificación, ni grandes medios económicos ni, si me apuran, un gran guión para conseguir una película casi perfecta. Ahora bien, no sirve de nada intentarlo en casa; el ingrediente secreto es uno que, por mucho que lo intentemos, difícilmente podremos comprar en ningún sitio: talento, mucho talento.

Podría enumerar docenas de momentos hilarantes, pero no tendría sentido alguno. Este caso es uno de los que proporciona pleno sentido a la frase “escribir de cine es como bailar de escultura“. Hay que verlos y, por favor, en rigurosa versión original. Hrundi no sería Hrundi de otro modo.

Moviecrazy - Steven Franken - The Party

Steven Franken y la diadema de pollo

Mención especial merece el actor Steven Franken. Si Peter Sellers no hubiera estado tan brillante, probablemente el super beodo camarero Levinson sería el personaje más recordado de esta fantástica película.

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Cold War: magdalenas de Proust en glorioso blanco y negro

El Gran Leblogski

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Critica Cold War

Cuenta Marcel Proust en el primer volumen de ‘En busca del tiempo perdido‘ cómo el sabor de una magdalena empapada en té desencadenó en él una cascada de recuerdos de su niñez. Pues bien, ayer mismo salí del cine con una bolsa llena de magdalenas de Proust tras ver “Cold War”.

El film de Pawel Pawlikowski no me retrotrajo a mi infancia, pero sí a los días en los que, salvo excepciones, al salir de la sala tenía la sensación de haber visto algo grande, de haber visto algo que me acompañaría durante muchos años. Algo que, además, me ayudaba a, por qué no decirlo, a ser más feliz. Una felicidad no necesariamente grata, pero que sí llevaba ligada siempre una inmensa satisfacción intelectual. Un viaje temporal hacia, por ejemplo, “Europa” de Lars von Trier. Veintisiete años recorridos en un solo instante hasta que el brutal fast forward de una máquina del tiempo en forma de butaca me devolvía a “Cold War“.

Cold War” es Cine con mayúsculas, Cine como lenguaje universal en lugar de cine con minúsculas, de ese que se reduce sin que nos demos cuenta a una mera transacción económica. “Cold War” es la historia de amor de Wiktor (Tomasz Kot) y Zula (Joanna Kulig) basada, según cuenta Pawlikowski, en la que vivieron sus propios padres. “Cold War” son ochenta y pico minutos de magia. Por muy manida que esté la palabra, no hay otra que defina mejor lo que podemos contemplar a cambio de unos pocos euros.

 

Película Cold War

Joanna Kulig (Zula)

Ida“, la anterior película de Pawlikowski me gustó mucho. “Cold War” ha traído las magdalenas. No me extrañaría en absoluto que la próxima película de Pawel produjera en mí un síndrome de Stendhal como una catedral.

Y no, no voy a contar nada más de esta maravillosa película. Ni siquiera voy a incluir el tráiler. Como al final de “Testigo de Cargo“, yo también pido a los que la hayáis visto que no contéis nada. Que vuestros amigos y conocidos se sienten en el cine, que se apaguen las luces y que las gloriosas imágenes en blanco y negro de “Cold War” sean las que cuenten toda la historia.

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