Bueno, pues ya tenemos todos los episodios de la nueva y desquiciada aventura cronológica de Larry David. Nuestro hombre lo ha vuelto a hacer: justo cuando pensábamos que con el final de Curb Your Enthusiasm Larry había colgado definitivamente sus zapatillas de lona, HBO nos sorprende con esta maravilla de siete entregas. El artefacto televisivo funciona como una parodia exhaustiva adelantada a las celebraciones del 250 aniversario del nacimiento de los Estados Unidos.
La acción de cada episodio se divide en unos cuatro sketches independientes, aunque todos comparten ese inconfundible sello cómico que se apoya en la clásica estructura argumental de David. Utilizando su mítico método de esquemas o retro-scripting, Life, Larry and the Pursuit of Unhappiness: an Almost History of America en su título completo original, se aleja del guion tradicional para dejar que la mayor parte del diálogo fluya desde la improvisación más absoluta. A lo largo de todo el metraje, Larry nos propone un viaje revisionista en el que los grandes eventos de la historia estadounidense no fracasan por complejas cuestiones de Estado o grandilocuentes dilemas morales, sino por violaciones flagrantes de la etiqueta social y quejas mundanas. Todo ello, narrado por Samuel L. Jackson.
Desde los compases iniciales, la serie marca un tono de metacultura apabullante gracias a Barack Obama. El expresidente no solo ejerce de maestro de ceremonias en la introducción del primer episodio —recordemos que la serie corre a cargo de su productora, Higher Ground—, sino que baja del pedestal institucional para relatar cómo la historia no la escriben los héroes, sino los neuróticos. Para rematar, su glorioso cameo en el último episodio riéndose de sí mismo y de la absurda polémica mediática que generó su traje de color tostado en 2014 cierra el círculo del caos histórico a la perfección.
Larry no pretende impartir lecciones magistrales ni desenterrar grandes verdades sobre la construcción de su nación. Su tesis es infinitamente más cínica y extrañamente reconfortante: la humanidad siempre ha sido, y siempre será, un puñado de personas insoportables, incapaces de ceder el paso o entender las normas básicas de convivencia, independientemente de la época en la que les haya tocado vivir.
