Ida Lupino, que para entonces ya dirigía, producía y escribía bajo su propia productora, The Filmakers, iba a ponerse detrás de la cámara en esta también. Pero se lo pensó mejor: dirigir a su propio marido, Howard Duff, resultó ser una línea roja que ni siquiera ella quiso cruzar. Así que cedió la silla del director a Don Siegel y se quedó con los trabajos que de verdad le interesaban: coescribir el guion y protagonizarlo.
Infierno 36 está más interesada en las cocinas y los salones que en los tiroteos. Lupino y su socio y exmarido Collier Young —sí, aquí todo el mundo se casa con todo el mundo y luego siguen trabajando juntos— escriben una película que parece incómoda en su esqueleto de cine negro, como si prefiriera ser un drama sobre la tentación doméstica disfrazado de thriller.
¿Es Private Hell 36 una obra maestra oculta? No exactamente: el guion se resuelve con una prisa que traiciona el careo moral que tanto trabajo le costó construir, y Siegel —según él mismo contaría después, entre peleas con Lupino y problemas para mantener sobrio a Cochran— nunca tuvo el control que hubiera querido sobre el material. Pero como documento de una mujer que se negó a ser solo la chica del club nocturno en la ficción y en la industria, es fascinante.
![Infierno 36 [Private Hell 36] (1954) - Cartel original](https://www.moviecrazy.es/wp-content/uploads/2026/07/Infierno-36-Private-Hell-36-1954-Cartel-original.jpg)
Lupino no solo sobrevivió al Hollywood de los años 50; se sentó a escribir sus propias reglas de admisión y luego se puso el vestido de lentejuelas y actuó como si nunca hubiera tenido que pedir permiso para nada.
![Infierno 36 [Private Hell 36] (1954) de Don Siegel](https://www.moviecrazy.es/wp-content/uploads/2026/07/Infierno-36-Private-Hell-36-1954-de-Don-Siegel-860x570.jpg)