Lo que piensan las mujeres (That Uncertain Feeling, 1941) está encajada entre El bazar de las sorpresas (1940) y Ser o no ser (1942). Tanta calidad en tan poco tiempo sería un milagro en la filmografía de casi cualquier otro director. En la de Lubitsch es una condena.
Jill Baker lleva seis años casada con un hombre que la quiere a su manera funcional y completamente ajena a la pasión. Desarrolla ataques de hipo psicosomáticos. En la sala de espera del psicoanalista conoce a Alexander Sebastian, pianista, misántropo de vocación, narcisista sin fisuras, que no tarda en instalarse en su matrimonio.
El final es predecible. Lo que no es predecible es lo que Lubitsch hace con él: ¡SPOILER! Jill vuelve con su marido no porque el amor haya triunfado sino porque la alternativa es peor. Es una visión del matrimonio bastante más oscura de lo que el envoltorio de comedia sugiere.

Burgess Meredith como Sebastian es deliberadamente exasperante y completamente fascinante. Merle Oberon hace más de lo que el guión le pide. Y Lubitsch, incluso en sus proyectos más ligeros, es incapaz de ser completamente convencional.
Lo que piensan las mujeres no es El bazar de las sorpresas. Tampoco es Ser o no ser. Pero las comparaciones llevan décadas tapando una película que merece mucho más.
