Corre el verano de 1990. En la televisión americana dominan los culebrones de familias ricas y las sitcoms de risas enlatadas. En ese paisaje, la CBS estrena casi de tapadillo, como serie de verano para cubrir huecos en la parrilla, una historia sobre un médico judío y neurótico de Nueva York obligado a ejercer en un pueblo remoto de Alaska.
Poco antes, la ABC había estrenado Twin Peaks con más fanfarria, pero tampoco nadie apostaba por que durara demasiado. Y, sin embargo, en esos pocos meses de 1990, la televisión americana cambió de dirección para siempre. Lo más curioso es que lo hizo en dos direcciones distintas a la vez.
Porque Twin Peaks y Doctor en Alaska son, en el fondo, series hermanas criadas en casas diferentes. Las dos transcurren en pueblos pequeños del noroeste americano llenos de excéntricos. Las dos mezclan géneros sin ningún complejo. Las dos tratan a su audiencia como seres inteligentes (como en el buen cine). Y las dos, cada una a su manera, abrieron la puerta por la que después entrarían Los Soprano (The Sopranos), A dos metros bajo tierra (Six Feet Under) y todo lo que llamamos la edad de oro de las series.
David Lynch y Mark Frost estrenan Twin Peaks el 8 de abril de 1990 en la ABC. El piloto es un peliculón de dos horas disfrazado de serie, con Kyle MacLachlan como el agente del FBI Dale Cooper investigando el asesinato de Laura Palmer. La primera temporada se convierte en un fenómeno cultural: los telespectadores se enganchan sin remisión a la pregunta «¿quién mató a Laura Palmer?«. Lynch lleva su universo onírico y perturbador a la pequeña pantalla y, de paso, demuestra que la televisión puede tener ambición cinematográfica.

Tres meses después, casi sin que nadie lo note, llega Doctor en Alaska. Joshua Brand y John Falsey crean una serie sobre Joel Fleischman, ese médico recién licenciado de Nueva York, urbanita hasta la médula, que acaba ejerciendo en Cicely, Alaska. La premisa suena a comedia de situación clásica. No lo es.
Lo que encuentra es un exastronauta reconvertido en magnate local, una piloto de avioneta ferozmente independiente, un locutor de radio que cita a Camus entre canción y canción, y una recepcionista india que apenas habla pero que lo dice todo sin necesidad de abrir la boca. La serie podría haberse conformado con explotar ese contraste para explotar únicamente los chistes fáciles. No lo hizo. En cambio, construyó algo mucho más raro: una comunidad de personajes con una vida interior genuina, donde los episodios podían derivar hacia el realismo mágico, la filosofía o la comedia absurda, a veces todo en el mismo capítulo.

La comparación con Twin Peaks era inevitable y la propia serie la esquivó con elegancia: en el quinto episodio aparece la misma cascada (Snoqualmie Falls), suena una sintonía parecida a la de Badalamenti, hablan de donuts y tarta de cerezas. Guiño, intertextualidad, y a otra cosa. Eran series distintas: Twin Peaks miraba hacia adentro, hacia la oscuridad y lo sobrenatural; Doctor en Alaska miraba hacia afuera, hacia la comunidad, la convivencia y lo humano. Una era un sueño inquietante. La otra era la vida, con todo su desorden.
Entre los productores ejecutivos de Doctor en Alaska figuraba, a partir de 1993, un tal David Chase. El mismo David Chase que crearía Los Soprano en 1999. Chase aprendió que la televisión podía sostener personajes complejos semana tras semana, que el tono podía ser ambiguo, que los finales felices no eran obligatorios. Unos años después llevó todas esas lecciones hasta sus últimas consecuencias con Tony Soprano. El árbol genealógico de la televisión de calidad pasa, queramos o no, por un pueblo de Alaska.
Twin Peaks ganó el relato histórico porque Lynch es Lynch, porque el misterio de Laura Palmer es irresistible, y porque lo oscuro siempre fotografía mejor que lo amable. Pero Doctor en Alaska ganó algo más discreto y quizá más valioso: demostró que la televisión podía ser inteligente, cálida, literaria y popular al mismo tiempo, sin que ninguna de esas cosas se llevara mal con las demás.
Por cierto, no os perdáis nuestro quiz sobre Doctor en Alaska.
