El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs), basada en la novela homónima de Thomas Harris y llevada a la pantalla grande en 1991 por Jonathan Demme relata la historia de un psiquiatra caníbal llamado Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) quien conoce a la detective Clarice Starling (Jodie Foster) que está buscando al asesino en serie “Buffalo Bill”.

Esta es una de esas películas que es indispensable ver, pues todo es cuidadosamente llevado para que estés en el asiento los 118 minutos de duración; una película que se convierte en referencia para “mejor villano” por la interpretación de Anthony Hopkins que lo hizo acreedor de un premio de la Academia como mejor actor.

Una joven Jodie Foster, que aun con una trayectoria brillante antes de El silencio de los corderos se coloca a la altura de Hopkins en su actuación y gana un Oscar de la academia como mejor actriz.

Además de estos dos premios, la película gana la estatuilla como mejor pelicula, siendo la primera del género Thriller/terror en conseguirlo. También se llevó los Oscar al mejor director y mejor guión adaptado.

En el aspecto técnico la fotografía es inmejorable, incluso comparándola con las películas posteriores basadas en el mismo personaje; el guión permite que avance la trama y alcance el clímax llegando a un desenlace sorprendente.

¿Quién, cuando la escucha, no relaciona inmediatamente la canción Goodbye Horses con “Buffalo Bill”?

El personaje de Buffalo Bill está basado en el serial killer Ed Gein, que también inspiró, entre otras, Psicosis de Alfred Hitchcock

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El silencio de los corderos rompió records y se convirtió en un clásico instantáneo. Aunque Lecter continuó en el cine con las adaptaciones de las novelas Hannibal, Dragón Rojo y El origen del mal (colocadas en orden de producción) cuando pensamos en el personaje siempre recordaremos la interpretación quid pro quo de Hopkins y Foster.