Hay que ver lo bien que se le daba a Ginger Rogers hacer el tonto. Y no me refiero a su lamentable implicación en la “caza de brujas” ni al atrevimiento de llamar “snippy” (algo así como “impertinente”) a Katharine Hepburn, con la que trabajó en Stage Door. En esa película Adolph Menjou era el protagonista masculino y conociendo un poco su ideología, que hacía que a su lado la ultra republicana Rogers pareciera Stalin, la pobre Kate debió de alucinar durante el rodaje de la misma.

Pero a lo que vamos. Carefree (llamada Amanda en España) no es un film que suela posicionarse entre los mejores del tándem AstaireRogers, sino más bien todo lo contrario. Sí, está dirigida por el gran Mark Sandrich al igual que The Gay Divorcee, Top Hat, Follow the Fleet o Shall We Dance y no faltan unos cuantos bailes, pero más que un musical podríamos decir que nos encontramos ante una screwball comedy en toda regla. Hay psiquiatras (Astaire), enfermeros locos, jueces al borde del ataque de nervios, aparece por ahí Franklin Pangborn, del personaje guaperas que siempre está fuera de lugar se encarga Ralph Bellamy y Ginger nos brinda unos cuantas inolvidables escenas actuando bajo la hipnosis del Dr. Astaire.

Cartel original de la película

No es complicado imaginar a Carole Lombard o a la propia Katharine Hepburn en el papel de Rogers y, por qué no, a Cary Grant o Fredric March sustituyendo a Fred. Pero está bien así; de otro modo nos perderíamos un par de números que valen su minutaje en oro y otra gran banda sonora compuesta por Irving Berlin.