En los años treinta Hollywood tenía una única directora y también una directora única. Llevaba traje, corbata y pelo corto. Todo el mundo en el negocio sabía que era lesbiana. Nadie lo decía en voz alta. Y hacía películas sobre mujeres atrapadas en mundos que no estaban diseñados para ellas, que es, en realidad, lo que era su propia vida.
Dorothy Arzner empezó como mecanógrafa. En 1919, fue contratada como taquígrafa por la Famous Players-Lasky Corporation —que después se convertiría en la Paramount— y fue ascendiendo desde el departamento de guiones hasta la sala de montaje. Montó más de cincuenta películas. Cuando ya era una de las editoras más respetadas del estudio, amenazó con marcharse si no la dejaban dirigir. La amenaza funcionó. Era 1927. Tenía treinta años.
Lo que vino a continuación fue una carrera de dieciséis años como la única mujer directora dentro del sistema de estudios de Hollywood. Con la excepción de la directora del cine mudo Lois Weber, Arzner fue la única mujer dirigiendo en Hollywood desde 1927 hasta su retirada en 1943. Fue también la primera mujer en incorporarse a la Directors Guild of America y permaneció como única miembro femenina hasta que Ida Lupino se unió al gremio en 1950.
La primera gran decisión técnica de su carrera fue también, sin quererlo, una de las más importantes de la historia del cine. En 1929, Paramount le encargó dirigir su primer filme sonoro:The Wild Party, con Clara Bow. Durante el rodaje, Bow dañó accidentalmente el micrófono al pronunciar sus primeras líneas y Arzner improvisó una solución: ató un micrófono a una caña de pescar y lo hizo colgar sobre la cabeza de la actriz. También se dice que lo hizo para dar más libertad de movimientos a Clara. En cualquier caso, así nació el micrófono de pértiga, de caña, jirafa, boom mic o como queráis llamarlo. Arzner nunca solicitó reconocimiento por ello. Hay quien dice que tampoco le habría servido de mucho si lo hubiera pedido.

En 1943, después de caer enferma durante el rodaje de First Comes Courage, Arzner dejó Hollywood. La frase que se le atribuye —»Yo nunca abandoné Hollywood. Hollywood fue quien me abandonó a mí»— no tiene fuente verificada, pero encaja tan bien que resulta difícil descartarla. Durante los años cincuenta dirigió cerca de sesenta anuncios de Pepsi-Cola para su amiga Joan Crawford, que por entonces era miembro del consejo de administración de la empresa. Luego enseñó cine en UCLA. Entre sus alumnos estaba Francis Ford Coppola.
En 1975, la Directors Guild of America le rindió homenaje. Se leyó un telegrama de Katharine Hepburn, a quien Arzner había proporcionado su primer papel protagonista en Hacia las alturas (Christopher Strong, 1933): «Isn’t it wonderful that you’ve had such a great career when you had no right to have a career at all?«.

Hepburn lo decía como cumplido. También era la descripción más precisa posible de lo que había sido la carrera de Dorothy Arzner: extraordinaria precisamente porque no debería haber existido.
