El 4 de octubre de 1956 CBS estrenó en horario de máxima audiencia un programa que no se parecía a nada que hubiera existido antes en televisión americana: noventa minutos de drama en directo, sin interrupciones narrativas, con reparto de primera línea y guiones escritos por los mejores escritores del país. Se llamaba Playhouse 90 y duró cuatro temporadas. En 1970, una encuesta de Variety entre editores de televisión lo votó la mejor serie de la historia del medio.
El formato
La idea era simple y a su vez enormemente ambiciosa: cada semana una obra dramática diferente, sin personajes recurrentes, sin continuidad argumental de un episodio al otro. Una antología pura. El título no era arbitrario, noventa minutos era el doble de lo habitual en las antologías dramáticas de la época, y CBS quería que todo el mundo lo supiera. Era teatro televisado con presupuesto de cine, emitido en directo los jueves por la noche desde CBS Television City en Los Ángeles.
El directo no era solo una elección estética sino también una limitación técnica que acabó convirtiéndose en la seña de identidad del programa. Grabar en cinta magnética era posible pero caro, y el resultado perdía calidad. El directo era más barato y, como efecto secundario, generaba una tensión específica que las grabaciones nunca han podido reproducir del todo. Los actores no podían pedir una segunda toma. Los errores eran errores. La adrenalina era real y el público lo notaba.
Los escritores
Si hay una razón por la que Playhouse 90 sigue siendo importante es que fue, durante cuatro años, el mejor destino posible para un escritor de drama en Estados Unidos. Entre sus guionistas figuran Rod Serling, Reginald Rose, Horton Foote, Paddy Chayefsky, Gore Vidal, William Gibson y Tad Mosel, prácticamente todo el canon de la llamada edad de oro de la televisión americana. Muchos de ellos escribieron para Playhouse 90 en el momento álgido de sus carreras y lo hicieron con una libertad que el cine de estudio no les habría dado nunca.
Rod Serling, antes de inventar The Twilight Zone, era el escritor más importante de esa televisión en directo. Su Requiem for a Heavyweight, el segundo episodio de Playhouse 90, ganó el Emmy al mejor programa individual del año y le valió a Jack Palance el Emmy al mejor actor. Era la historia de un boxeador acabado que no sabe hacer otra cosa, escrita con una compasión y una precisión que hoy sigue funcionando igual de bien.
Pero el programa no era solo Serling. Entre sus episodios más recordados están The Miracle Worker, con Teresa Wright como Anne Sullivan, antes de que la obra llegara a Broadway y luego al cine con Patty Duke; Days of Wine and Roses, con Cliff Robertson y Piper Laurie, antes de que Blake Edwards la convirtiera en película con Jack Lemmon y Lee Remick; y Judgment at Nuremberg, antes de que Stanley Kramer dirigiera la película. El patrón es constante: Playhouse 90 estrenaba el material y Hollywood lo recogía años después.
Playhouse 90 era la mejor escuela de dirección del mundo en ese momento y no cobraba matrícula
Los directores
El director más prolífico fue John Frankenheimer, con veintisiete episodios, seguido de Franklin J. Schaffner con diecinueve. Ambos venían de la televisión en directo neoyorquina y habían desarrollado allí una técnica específica: múltiples cámaras, movimientos fluidos, montaje en tiempo real desde la sala de control. En Playhouse 90 perfeccionaron ese lenguaje y lo llevaron a su máxima expresión.
Frankenheimer en particular usó el programa como campo de entrenamiento para lo que vendría después: El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 1962), El tren (The Train, 1964), Grand Prix (1966). La fluidez de cámara, la tensión sostenida, el uso del espacio, todo eso viene de los años en que dirigía drama en directo una vez por semana sin posibilidad de corregir nada. George Roy Hill, que dirigió Judgment at Nuremberg para el programa, haría luego Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969) y El golpe (The Sting, 1973). Robert Mulligan dirigió varios episodios antes de rodar Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, 1962). Playhouse 90 era la mejor escuela de dirección del mundo en ese momento y no cobraba matrícula
El reparto
Durante sus cuatro temporadas el programa atrajo a estrellas como Melvyn Douglas, Mary Astor, Vincent Price, Boris Karloff, Anne Bancroft, Claudette Colbert, Franchot Tone, Robert Ryan, George C. Scott, Paul Newman, Joanne Woodward, Jack Lemmon, Peter Lorre, Claude Rains, Charles Laughton, Robert Redford… podría seguir y seguir hasta que nos preguntáramos qué hemos estado haciendo con nuestras vidas en lugar de ver Playhouse 90 una y otra vez. Algunos venían del teatro y encontraban en el directo televisivo algo parecido a la experiencia escénica. Otros eran estrellas de cine que aceptaban el reto porque el material era demasiado bueno para rechazarlo.

El caso de Maximilian Schell es ilustrativo: interpretó al abogado defensor en Judgment at Nuremberg para Playhouse 90 en 1959, repitió el papel en la versión cinematográfica de Stanley Kramer en 1961 y ganó el Oscar. La actuación que le valió el Oscar la había ensayado, en el sentido más literal, dos años antes en directo ante millones de espectadores.
El final
Playhouse 90 se mantuvo en antena cuatro temporadas, 134 episodios en total, emitidos entre el 4 de octubre de 1956 y el 18 de mayo de 1960.
El último episodio fue In the Presence of Mine Enemies, escrito por Rod Serling, ambientado en el gueto de Varsovia, con Charles Laughton y un joven Robert Redford. Un final digno para un programa que había sido, durante cuatro años, la demostración más convincente de que la televisión podía hacer algo que el cine no podía: drama en tiempo real, sin red, ante millones de personas.
Eso ya no existe. No porque nadie lo haya prohibido, sino porque nadie lo ha vuelto a intentar en serio. La televisión aprendió de Playhouse 90 que era capaz de grandes cosas y luego decidió que prefería hacer otras.
