Si has leído algo sobre The Twilight Zone en esta web —si eres un lector habitual, seguro que sí— ya sabrás que Rod Serling no llegó a la ciencia ficción por vocación. Llegó por agotamiento. Después de años peleándose con censores y patrocinadores que le reescribían los guiones, encontró en los extraterrestres y en las dimensiones paralelas el único sitio donde nadie le tocaba los… textos. Pero antes de llegar ahí, vivió cosas que ni él mismo se hubiera inventado.
En abril de 1959, Playhouse 90 emitió en directo Judgment at Nuremberg, con guion de Abby Mann dirigido por George Roy Hill —antes de Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid)— con Claude Rains como juez presidente, Melvyn Douglas como fiscal y Maximilian Schell (que como todos sabéis, repitió en la famosa película rodada dos años más tarde) en el papel de abogado defensor. Programa de prestigio, tema serio, audiencia atenta. En algún momento del texto se mencionaban las cámaras de gas de los campos de concentración. Perfectamente pertinente, históricamente necesaria, dramáticamente imprescindible.
¿Qué pasó? Pues que la línea fue cortada de la banda sonora para su emisión. ¿Por qué? Porque el patrocinador no quería que los relucientes electrodomésticos de cocina quedaran asociados, ni de pasada, con el horror nazi. Que el gas de Auschwitz no tuviera relación alguna con el de un fogón doméstico era un detalle que, al parecer, no venía al caso.
