John Barrymore murió el 29 de mayo de 1942. Tenía sesenta años, cirrosis y la reputación de ser el mejor actor de su generación que él mismo se había encargado de dinamitar a base de alcohol y deudas. Sus amigos más cercanos, el grupo de bebedores y crápulas de alto nivel conocido como los Bundy Drive Boys se enteraron esa misma noche. Y ahí, según la leyenda, empieza una de las historias más bizarras y más divertidas del Hollywood clásico.
La versión oficial, si a algo tan disparatado se le puede llamar oficial, la cuenta Errol Flynn en su autobiografía My Wicked, Wicked Ways, publicada en 1959, meses después de su propia muerte. Flynn dice que el director Raoul Walsh sobornó al encargado de la funeraria con doscientos dólares, usando como pretexto que una anciana tía de Barrymore quería ver a su querido sobrino por última vez. Con un argumento tan sólido, Walsh sacó el cadáver, lo llevó a casa de Flynn, y lo colocó en el sillón favorito del actor. Cuando Flynn llegó después de una noche de farra, encontró a su amigo muerto sentado en el salón como si nada.
Walsh cuenta su versión en sus infames memorias de 1974, y aquí empiezan las discrepancias. En la suya no es él quien coloca el cuerpo sino el mayordomo de Flynn, que ayuda a acomodarlo en el sofá sin entender del todo la situación. «Nunca había visto al señor Barrymore tan borracho», dice el mayordomo. Cuando Walsh devolvió el cuerpo a la funeraria, el encargado le preguntó dónde lo había llevado. Walsh dijo que a casa de Errol Flynn. El hombre respondió: «¿Por qué demonios no me lo dijo antes? Le hubiera puesto un traje mejor».
Es una historia perfecta. Demasiado perfecta, quizá.
Porque hay un testigo que lo niega todo. Gene Fowler, periodista y miembro fundador de los Bundy Drive Boys, estaba esa noche en la funeraria. Su hijo afirma que él y su padre velaron el cadáver durante toda la noche sin que nadie apareciera a llevárselo. El biógrafo Gregory William Mank, autor del mejor libro escrito sobre el grupo, considera la versión de Fowler bastante más creíble.
Hay además un detalle que complica aún más las cosas: la autobiografía de Flynn no la escribió Flynn. La escribió su ghostwriter Earl Conrad, conocido por tomarse bastantes libertades creativas con los hechos. O sea que ni siquiera sabemos si fue Flynn quien contó la historia o Conrad quien se la inventó en su nombre.
Y sin embargo. En 2020, Drew Barrymore, nieta de John, apareció en el programa de YouTube Hot Ones y el presentador le preguntó si era verdad que su abuelo había sido robado de la morgue para una última fiesta, con el cadáver sentado a una mesa de póker. Esa versión, la más extrema, es como la historia ha mutado con los años, mezclando y amplificando los detalles originales. Drew Barrymore no la desmintió. La confirmó con toda la naturalidad del mundo, añadiendo que esperaba que sus amigos hicieran lo mismo por ella algún día.
¿Ocurrió o no? Probablemente nunca lo sabremos. Pero como dicen por ahí, cuando la leyenda es mejor que los hechos, imprime la leyenda. Y esta leyenda es extraordinaria.
