Antes de que alguien financiara sus películas en condiciones, Roger Corman recorría el sur de Estados Unidos en coche buscando inversores entre los dueños de autocines. Fue así como los hermanos Woolner, propietarios entre otros del primer autocine de Nueva Orleans y productores de serie Z en sus ratos libres, decidieron producirle esta película. Su criterio de inversión, según confesó uno de ellos, era sencillo: ¿puedo imaginarme el cartel? Con el título Swamp Women, la respuesta era obvia.
El argumento: una agente encubierta se infiltra en un grupo de reclusas para que la lleven hasta un alijo de diamantes escondido en los pantanos de Luisiana. Por el camino secuestran a un geólogo y a su novia, los cocodrilos hacen lo suyo, y las protagonistas se pasan la mayor parte del metraje con los pantalones cortados hasta donde la censura de 1956 permitía. Corman rodó en localizaciones reales en Luisiana y según el reparto, fue una experiencia cercana al trauma: Mike «Touch» Connors recordó años después que le pusieron una serpiente de verdad encima —con la boca pegada con cinta adhesiva, eso sí— y que tuvo pesadillas durante semanas. Corman, según Connors, como toda respuesta se encogió de hombros.

No es la mejor película de Corman. Ni de lejos. Pero tiene algo que el cine de los grandes estudios de la época no rodaba: barro de verdad, mugre de verdad, y cinco mujeres que no necesitaban que ningún hombre las salvase. Para 1956, ya era bastante.
