Roger Corman hizo dinero con casi todo lo que tocó. Monstruos de cartón, damiselas en peligro, plantas carnívoras, coches tuneados, mujeres de armas tomar, Edgar Allan Poe… El hombre tenía olfato comercial. Por eso resulta tan curioso que su única película con ambición moral real fuera también su único fracaso en taquilla.
The Intruder nunca se estrenó en España, detalle que dice bastante sobre la época. El argumento es el siguiente: Adam Cramer, un hombre de traje blanco y sonrisa de vendedor de enciclopedias llega en autobús a un pueblo del sur justo el día antes de que se aplique la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a integrar a niños negros en las escuelas blancas. Cramer se presenta como defensor de los derechos civiles. Miente. Lo que hace es encender una mecha con mucha paciencia y muy buenas maneras.
William Shatner, cuatro años antes de ponerse el uniforme del capitán Kirk, entrega aquí probablemente la mejor interpretación de su carrera. Su Cramer es encantador, articulado y completamente vacío por dentro, un demagogo de manual que sabe exactamente qué botones pulsar en cada habitante del pueblo. Que Shatner acabara siendo un icono de la cultura popular gracias a Star Trek y sin embargo esta película quedara sepultada es una de las pequeñas injusticias del cine.

Corman rodó en localizaciones reales en Missouri, con habitantes locales que participaban sin saber del todo qué estaban filmando. La escena en que Cramer arenga a una multitud enardecida frente a la escuela se rodó con gente real. Se nota en cada fotograma y es lo que hace que la película sea incómoda de ver también hoy en día.
Corman siempre dijo que era su mejor trabajo. También fue el único que le costó dinero. A veces tener principios sale caro.
