Justo un año después de Eva al desnudo (All About Eve), el director Joseph L. Mankiewicz decidió ponerse el estetoscopio para filmar una de las rarezas más fascinantes, discursivas y extrañamente reconfortantes del Hollywood de posguerra. En la superficie, Murmullos en la ciudad se vende como una comedia romántica de enredos médicos. En la práctica, es un caballo de Troya cargado de comentarios progresistas sobre el aborto implícito, la salud mental y la caza de brujas del macartismo de la época.
Cary Grant despliega su carisma habitual como el Dr. Noah Praetorius, un médico y profesor universitario que cree que la empatía cura más que el bisturí. Cuando no está operando maquetas de trenes a escala o dirigiendo una orquesta en secuencias deliciosamente excéntricas, Praetorius rescata a una estudiante embarazada soltera (Jeanne Crain) del estigma social y del suicidio.
Mankiewicz utiliza este tierno romance como escudo para lanzar dardos envenenados contra la mezquindad institucional. El contraataque viene encarnado por un soberbio Hume Cronyn, quien interpreta al envidioso profesor Elwell con la ponzoña de un burócrata empeñado en destruir lo que no puede entender.

La película tropieza cuando se desvía hacia un juicio universitario que se alarga más de la cuenta. Sin embargo, el guion de Mankiewicz es tan afilado y sus diálogos tan sofisticados que una perdona de buena gana sus caprichos estructurales. No es el Cary Grant más accesible, pero es un recordatorio de una época en la que los grandes estudios permitían que las estrellas de cine hablaran como adultos civilizados.⠀
