Durante mucho tiempo, Bodas reales se ha reducido a poco más que un mero GIF de vanguardia analógica: Fred Astaire desafiando la gravedad al bailar sobre las paredes y el techo de una habitación de hotel. Vista hoy, la ópera prima en solitario de Stanley Donen no es un puente menor hacia Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, 1952), sino un manifiesto vibrante, ágil y extrañamente moderno sobre el fin de una era.
Es un milagro que exista: la producción fue un absoluto caos. Incluyó el abandono de June Allyson por embarazo junto al posterior despido definitivo de Judy Garland debido a sus crisis de salud, lo que provocó también la renuncia del director original, Charles Walters. Ante este panorama, la legendaria unidad de Arthur Freed en la MGM le entregó las llaves a un joven cineasta de veintiséis años llamado Stanley Donen que venía de codirigir con Gene Kelly Un día en Nueva York (On the Town, 1949). No empezó mal el muchacho.
La trama presenta a Tom y Ellen Bowen como una pareja de hermanos bailarines de Broadway que viajan a Londres para actuar durante las celebraciones de la boda de la princesa Isabel, autoficción basada directamente en los inicios reales de Fred Astaire junto a su hermana Adele. El conflicto central no es si conseguirán el éxito, sino el miedo al abandono mutuo. Ellen cae rendida ante un apuesto aristócrata interpretado por Peter Lawford, mientras que Tom queda prendado de una bailarina londinense a la que da vida Sarah Churchill. Así es, la hija del mismísimo Winston Churchill.

Además de la famosa secuencia giratoria de «You’re All the World to Me», Bodas reales posee una de las colecciones de números individuales más originales y elaboradas de la historia de los musicales.
Por ejemplo, el baile con el perchero (Sunday Jumps): privado de su pareja de baile, Astaire entra al gimnasio de un barco y convierte a un perchero inanimado en una extensión simbiótica de su cuerpo. Es una clase magistral de economía física y diseño de producción.
Por su parte, el dúo «How Could You Believe Me When I Said I Loved You When You Know I’ve Been a Liar All My Life?» ostenta el título más largo en la historia de las canciones de Hollywood. Es un número de vodevil puro, vulgar y divertidísimo que demuestra el inmenso talento y la versatilidad de Jane Powell.
¿Y cómo olvidarse de Keenan Wynn interpretando tanto a Irving Klinger, el estresado agente estadounidense de los hermanos Bowen, como a su flemático gemelo británico, Edgar Klinger? Funciona como una mordaz parodia de la burocracia teatral y del choque cultural angloamericano.
Puede que el gran enemigo de Bodas reales no fuera tanto la crítica como los derechos de autor. Su prematura caída en el dominio público provocó que, durante cuarenta años, el mercado se inundara de copias de ínfima calidad, devaluando su prestigio y haciéndola parecer un subproducto barato. Afortunadamente, las restauraciones en alta definición nos permiten verla con todo el esplendor de su tecnicolor.
