¿Qué decir de Marlene? En mi modesta opinión y, superando incluso a Greta Garbo, es la estrella más glamourosa y fascinante que pisó nunca un plató de cine, un escenario o incluso un campo de batalla. Marlene no sólo se implicó en la Segunda Guerra Mundial vendiendo bonos y visitando a las tropas para cantar un par de canciones. No, ella se quedaba con los soldados durante largas temporadas, dormía sobre fríos suelos como uno más a merced de los ataques enemigos. Y nunca mejor dicho enemigos, ya que desde el primer momento se manifestó en contra de la barbarie nazi.

Cuando los nazis llegaron al poder, Hitler y compañía consideraban que contar con el apoyo de Marlene era fundamental para engrasar su máquina publicitaria. Conseguir que una alemana, berlinesa para más señas, tan famosa como Marlene apoyara al Tercer Reich hubiera sido un enorme triunfo para ellos. Contactaron con Dietrich repetidas veces a mediados de los años 30 para que volviese a Alemania, ofreciéndole todo lo que pidiera, pero la actriz y cantante no sólo les mandó a paseo sino que en 1937 obtuvo la nacionalidad estadounidense, granjeándose de esa manera el deseado odio por parte de los nazis.

Marlene Dietrich en la Segunda Guerra Mundial

Hay un excelente documental llamado ‘Marlene Dietrich: Her Own Song‘, dirigido por el nieto de la diva, en el que se describe con bastante acierto su vida personal y profesional gracias a la participación de muchos de sus amigos y colegas. Para los que ya tengáis varias películas suyas, un par de discos y algún libro de Marlene, este extenso documento (100 minutos aprox.) es el complemento perfecto.

Es una lástima que cuando se habla de ella se omita un dato tan importante como que era una mujer comprometida y luchadora. En estos tiempos que corren no deberíamos olvidar nunca ese tipo de cosas.

Por lo tanto, es un placer poder rendir homenaje desde aquí a María Magdalena Dietrich, nombrada Chevaliere de la Legión Francesa y condecorada con la Medalla Presidencial de la Libertad  por el gobierno americano.