Más drama social de los años sesenta. Familia negra en Chicago, piso pequeño, sueños grandes, el dinero como solución que trae más problemas. Pero donde Let No Man Write My Epitaph usaba la miseria como telón de fondo para una historia que miraba hacia otro lado, Un lunar en el sol (qué título más espantoso pusieron en España) mira de frente.
La diferencia es que Lorraine Hansberry escribió la obra original —la primera de una mujer negra en llegar a Broadway—, escribió también el guion y sabía exactamente de qué estaba hablando porque lo había vivido: su padre litigó contra las restricciones raciales en los contratos de vivienda en el caso Hansberry v. Lee en 1940.
La historia es la de los Younger: una familia que espera un cheque de 10.000 dólares del seguro de vida del padre muerto y que no se pone de acuerdo en qué hacer con él. La madre quiere comprar una casa que está en un barrio blanco. El hijo quiere montar un negocio; la hija quiere estudiar medicina. Cada uno tira en una dirección y el dinero, que debería resolverlo todo, se convierte en el catalizador de lo que ya estaba roto. Sidney Poitier está extraordinario —todavía sin ese aplomo calculado que se convertiría en su marca de fábrica—, pero lo que sostiene realmente la película es Claudia McNeil en el papel de la madre; una actuación que los Oscar ignoraron por completo. Todo el reparto original de Broadway repitió en el film; se nota y se agradece.

Lo que no se nota —porque Petrie las cortó para que la película fuera más digerible— son las escenas adicionales que Hansberry escribió ex profeso para el film. ¿Muy negro para el público blanco de la época? Quizá.
A Raisin in the Sun (me permitirán que use el título original) es una película que merece mucho más de lo que recibió.
