Hace muy poco hablábamos de la noche en la que M*A*S*H casi acaba, de una manera muy peculiar, con las reservas de agua de Nueva York. No fue la primera vez que una serie de televisión le ganó la partida a la realidad.
El 20 de enero de 1953, Dwight D. Eisenhower tomó posesión como trigésimo cuarto presidente de los Estados Unidos. Era la segunda vez en la historia que una inauguración presidencial se retransmitía por televisión. Lo vieron 29 millones de personas.
El día anterior, I Love Lucy había emitido el episodio en el que Lucy Ricardo daba a luz a su hijo. Lo vieron 44 millones. El país había elegido a Eisenhower. Pero prefería a Lucy.
El episodio se llamaba Lucy Goes to the Hospital y era el resultado de una maniobra sin precedentes: por primera vez en la historia de la televisión americana, el embarazo real de una actriz se había incorporado al guion de su personaje. Lucille Ball estaba embarazada de verdad, Lucy Ricardo también, y los productores habían planificado con quirúrgica precisión que ambas dieran a luz el mismo día. Ball programó su cesárea para el 19 de enero, día de emisión del episodio. Su obstetra se llamaba Dr. Harris. El médico de ficción en el episodio también.

El guion tuvo que ser revisado por un rabino, un sacerdote y un pastor protestante para asegurarse de que no resultaba ofensivo. Y en ningún momento del episodio se pronuncia la palabra pregnant. Las normas de la CBS no lo permitían. Lucy Ricardo no estaba embarazada: estaba enceinte, que es la palabra en francés, y que aparentemente resultaba menos escandalosa.
Lucy Goes to the Hospital también superó en audiencia a la coronación de la reina Isabel II que sucedió cinco meses después. Eisenhower y la reina de Inglaterra en el mismo año. Te queremos, Lucy.
