El cine americano ha sido bendecido con gigantes del celuloide, y entre estos titanes, dos nombres sobresalen por encima del resto: Howard Hawks y John Ford. Ambos han dirigido películas que definieron géneros y crearon arquetipos que aún hoy siguen resonando. Pero, en una comparación tan injusta como inevitable, me siento obligado a proclamar, con toda la seriedad del mundo (y un toque de ironía), que Howard Hawks es, sin duda alguna, mejor que John Ford. Aquí te presento una lista de razones absolutamente objetivas (guiño, guiño) por las que Hawks eclipsa al buen Ford.
Hawks no necesita Monument Valley
John Ford podía tener su preciado Monument Valley, con sus majestuosas formaciones rocosas y paisajes imponentes, pero Howard Hawks tenía algo mejor: actores monumentales. Mientras Ford se perdía en el desierto, Hawks se concentraba en la arena real de Hollywood, donde los verdaderos colosos como Humphrey Bogart, Cary Grant y John Wayne (sí, el mismo John Wayne) bailaban a su ritmo. ¿Quién necesita un paisaje icónico cuando tienes a Bogart susurrando diálogos como si estuviera esculpiendo oro?
Ford tenía héroes; Hawks tenía humanos con defectos fascinantes
John Ford era un maestro en crear héroes míticos que caminaban entre los mortales como si fueran dioses caídos del cielo. Hawks, en cambio, se enfocaba en crear personajes con defectos deliciosos, tan humanos que podrías compartir una cerveza con ellos (o varias, si hablamos de «Rio Bravo»). Ford te daba ídolos; Hawks te daba a tus mejores amigos, solo que con diálogos más ingeniosos.
Hawks entendía la comedia como nadie, Ford…
Mientras Ford se envolvía en el drama y el dolor existencial de los hombres fuertes que enfrentan el destino (y lo hace bien, no me malinterpreten), Hawks se reía de todo eso mientras dirigía comedias perfectas como «Bringing Up Baby» y «His Girl Friday». Hawks sabía que en la vida, igual que en el cine, a veces solo necesitas un leopardo suelto o una repentina boda para que todo tenga sentido.

El cine de Hawks es para todos; el de Ford es para todos los que llevan un parche en el ojo
Ford es el héroe de todos los que creen que una película no es buena a menos que tenga hombres duros montados a caballo, llorando en silencio al atardecer mientras la banda sonora lo recalca todo con trompetas. Hawks, por otro lado, sabía que la vida es demasiado corta para no disfrutar de todos los géneros: westerns, comedias, cine negro, aventuras. Era un director para la gente común, esa que disfruta igual de un tiroteo que de un buen chiste.
Hawks nos dio el arte de la conversación; Ford nos dio…
Ford tenía un don para crear momentos en los que las miradas decían más que mil palabras, pero Hawks entendía que a veces lo que se dice es igual de importante. En las películas de Hawks, los diálogos son tan afilados que podrían cortar diamantes. Mientras Ford nos hacía reflexionar en silencio, Hawks nos mantenía despiertos, riendo, y al borde del asiento, todo al mismo tiempo.
Las mujeres de Hawks son feroces; las de Ford…
Los personajes femeninos en las películas de Ford, cuando tienen la suerte de estar en el centro de la historia, son fuertes y complejas. Pero Hawks era un feminista avant la lettre: sus mujeres eran brillantes, valientes y no necesitaban permiso para tomar el control. Piensa en Lauren Bacall en «To Have and Have Not» o Katharine Hepburn en «Bringing Up Baby». No solo compartían la pantalla con los hombres, sino que a menudo se la robaban.
El enfoque de Hawks sobre la moralidad es el más flexible (y por eso, el más real)
John Ford veía el mundo en claroscuros morales: héroes y villanos, buenos y malos. Howard Hawks sabía que la vida es más complicada. Sus personajes a menudo navegan en áreas grises, donde la lealtad y la amistad a veces importan más que las leyes o las reglas de la sociedad. En el mundo de Hawks, los héroes hacen lo correcto, aunque no siempre de la manera correcta.
Hawks hizo de la relación entre los personajes una ciencia; Ford hizo del paisaje un personaje más
Ford es un maestro en usar el paisaje para contar la historia. En sus películas, el entorno es casi tan importante como los personajes. Hawks, por otro lado, sabía que lo más importante era cómo los personajes se relacionan entre sí. Sus películas están llenas de diálogos rápidos, de camaradería y de dinámicas de grupo que son una delicia de observar.
Hawks entendía la importancia del “cool”
Howard Hawks prácticamente inventó lo que significa ser “cool” en una película. Su cine está lleno de personajes que no solo son competentes en lo que hacen, sino que lo hacen con estilo. Ford tenía a John Wayne, pero con Hawks resultaba más cool. «Rio Bravo» lo demuestra.
Hawks hizo que todo pareciera fácil; Ford te recordaba que nada lo es
Ford dirigió con una intensidad que hacía que sus películas parecieran grandes odiseas, donde cada toma era una hazaña heroica. Hawks, en cambio, tenía la habilidad de hacer que todo pareciera fácil. Sus películas fluyen con tal naturalidad que te olvidas de que estás viendo una obra maestra en acción. Ese es el verdadero genio: hacer que la grandeza parezca sencilla.
