Hay una escena en Historias de terror (Tales of Terror, 1962) que no debería de funcionar. Un concurso de cata de vinos entre Vincent Price —todo pompa y apostura— y Peter Lorre, que llevaba diez minutos en pantalla tambaleándose y robando sorbos de las copas ajenas. Es digresiva, no avanza la trama y va en contra de todo lo que el ciclo Poe de Corman había sido hasta entonces. Y sin embargo, es extraordinaria.
El segmento se titula El gato negro y es el mejor de los tres que componen el film. Richard Matheson fusionó dos relatos de Poe —El gato negro y El tonel de amontillado— y construyó una inversión deliberada: Fortunato Luchresi (Price) es el catador más célebre de la ciudad, pomposo y refinado; Montresor Herringbone (Lorre) es el marido borracho y mísero cuya mujer acaba enamorándose de Fortunato. En Poe, Montresor es el narrador frío y vengativo; en Matheson, es un desastre humano que solo acierta al final, cuando empareda a los amantes en la bodega.
Lo que la hace interesante es que Price no trabaja en su registro habitual. La imagen canónica del Price del ciclo Poe es la del hombre atormentado: neurótico, solo, consumido por alguna culpa. Fortunato Luchresi no sufre nada. Es un hombre sin profundidad aparente, satisfecho de sí mismo hasta sobrepasar el ridículo, convencido de que el mundo existe para reconocer su exquisitez. El resultado es un Price que no guiña el ojo al espectador: toma a Fortunato en serio dentro de su propia lógica, chocando contra el caos de Lorre.

Para la escena de la cata, Corman llevó a un catador profesional al rodaje. Price aprendió la técnica y la ejecutó fielmente, añadiendo, eso sí, bastante más teatralidad de la estrictamente necesaria. Lorre bebe todo lo que puede y apenas es capaz de contener la risa observando los impagables gestos de Price.

El éxito de la dinámica convenció a Corman de llevarla a un largometraje completo. El resultado fue El cuervo (The Raven, 1963), donde los reunió con Boris Karloff. Pero el germen estaba aquí, cuando estos dos hombres se encontraron delante de una copa de vino y decidieron, aparentemente sin esfuerzo, hacer algo completamente memorable.
