Frank Sinatra dijo en una ocasión que solo se vive una vez, pero que si la vivías como él, era más que suficiente. Zsa Zsa Gabor, por el contrario, tituló su autobiografía “Una vida no es suficiente”. Si por suficiente entendemos el legado artístico de cada uno de ellos, estoy de acuerdo con ambos aunque probablemente ninguno de los dos se refería a eso precisamente.

Tengo que reconocerlo: años atrás leí el libro de Zsa Zsa y me lo pasé pipa. Siempre he dicho que si los programas del corazón que tenemos por aquí hablaran de carroña relacionada con el Hollywood clásico yo sería el primero en plantarme delante del televisor para no perderme un segundo además de abandonar el kiosco cada semana cargado de prensa rosa y amarilla.

Zsa Zsa con George Sanders, su tercer marido

Zsa Zsa con su tercer marido, el actor George Sanders

Ahora bien, de ahí a llamar a Zsa Zsa “última reina del glamur dorado de Hollywood” o “leyenda del cine” como acabo de leer ahora mismo en la edición digital de uno de los periódicos más importantes de España o compararla como quien no quiere la cosa con Olivia de Havilland o Kirk Douglas por el mero hecho de que no llegara a cumplir los 100 años como estos dos monstruos de la interpretación… va a ser que no.

En estos tiempos que vivimos no me extraña nada que se anteponga la celebridad al mérito artístico pero no deja de molestarme, y mucho. No nos engañemos: Zsa Zsa era a la interpretación lo que Ana Rosa a la literatura.

Sinatra, además de vivir en una vida lo que la mayor parte de nosotros no viviría ni en mil, dejó para la posteridad un body of work cinematográfico y sobre todo musical sin parangón alguno. Zsa Zsa nos ha dejado…. bueno, Zsa Zsa nos ha dejado. DEP.