El 28 de febrero de 1983 CBS emitió el episodio final de M*A*S*H. Se llamaba Goodbye, Farewell and Amen, duraba dos horas y media, y lo escribió y dirigió Alan Alda. Datos que cualquier aficionado a las series conoce.
Lo que quizá no sabes es lo que pasó en Nueva York cuando llegaron los anuncios.
El récord que batió M*A*S*H aquella noche no era reciente. En 1967, el final de El fugitivo había reunido a 78 millones de espectadores, una cifra sin precedentes en la televisión de la época. Ese registro aguantó trece años, hasta que en 1980 el episodio de Dallas en el que se revelaba quién había disparado a J.R. lo superó. Y ese a su vez duró apenas tres años más.
En 1983 Estados Unidos tenía 233 millones de habitantes. Casi la mitad del país estaba viendo lo mismo, en el mismo canal, a la misma hora. Sin streaming, sin redes sociales. O lo veías en directo o te quedabas fuera de las conversaciones al día siguiente en la oficina. Y cuando llegó la pausa publicitaria, medio país fue al baño a la vez.
Alan Alda contó que al día siguiente los periódicos informaban de que tantas personas habían tirado de la cadena al mismo tiempo que el suministro de agua de Nueva York se había encontrado con serios problemas de abastecimiento. La infraestructura de una ciudad entera, doblegada por un episodio de televisión.
El récord aguantó veintisiete años, hasta que la Super Bowl de 2010 lo superó en espectadores totales. A día de hoy sigue siendo el episodio con mayor audiencia en la historia de la televisión. Friends se despidió con 52,5 millones. Juego de Tronos con 19,3 millones contando toda su trayectoria en streaming. M*A*S*H contó con 106 millones de espectadores. El récord no está en peligro.
