The Alligator People no promete Ingmar Bergman, ni con las intenciones ni con el título. Promete gente convertida en caimán, y cumple. La cuestión que nos preocupa y ocupa hoy es cómo llegó a filmarse algo así.
Roy Del Ruth llegó a ser en los años treinta el segundo director mejor pagado de todo Hollywood. Trabajó con Cagney, trabajó con Fred Astaire. Dirigió la primera adaptación cinematográfica de El halcón maltés. Un hombre del sistema, sólido, eficiente, respetado… hasta que cayó en desgracia. La televisión estaba vaciando los cines. Los estudios ya no le devolvían las llamadas. El hombre que había puesto en pantalla canciones de Cole Porter acabó en un pantano de Luisiana fotografiando caimanes de goma. Hollywood es así.
El argumento: una recién casada (Beverly Garland, que aguanta el tipo con una dignidad que roza lo heroico) descubre que su marido ha desaparecido en el bayou, donde un científico lleva años inyectando suero de caimán a pacientes con miembros amputados. Cinéma vérité.

Para terminar de rizar el rizo, la película cuenta con la fotografía en CinemaScope de Karl Struss, que habiendo trabajado con Murnau, Griffith y Chaplin y ganado el primer Oscar de la historia a la mejor fotografía por Amanecer, aquí filma pantanos con una elegancia que el material no merece.
La actuación «estelar» pertenece a Lon Chaney Jr., con garfio en lugar de mano y odio visceral hacia los caimanes (uno le comió la otra). Chaney aparece ajustándose el garfio en cámara y disparando con muy poca puntería a los caimanes. Los biógrafos de Chaney coinciden en señalar que por aquella época el alcohol ya le había pasado factura de manera considerable.
La propia Barbara Garland reconoció años después que lo más difícil del rodaje fue no reírse. Se nota y se agradece el esfuerzo. Del Ruth murió dos años después de terminarla. El caimán humano fue su penúltima película.
