Hay libros que se leen de un tirón no porque estén especialmente bien escritos sino porque uno no puede creerse lo que está leyendo. Hollywood’s Hellfire Club: The Misadventures of John Barrymore, W.C. Fields, Errol Flynn and the Bundy Drive Boys, de Gregory William Mank, Charles Heard y Bill Nelson, publicado en 2007, es uno de esos libros. Y tiene el mérito adicional de ser el más exhaustivo y despiadado de los dos grandes libros que existen sobre uno de los grupos más descontrolados, talentosos y autodestructivos de la historia del cine.
Los Bundy Drive Boys eran un club informal de actores, escritores, pintores y críticos que se reunían en el estudio del artista John Decker en Brentwood, Los Ángeles, durante los años treinta y cuarenta. John Barrymore, Errol Flynn, Raoul Walsh, W.C. Fields, el periodista Gene Fowler, el crítico de arte Sadakichi Hartmann. En la puerta de entrada al estudio de Decker había una inscripción: «Useless. Insignificant. Poetic«. Era, básicamente, su manifiesto.
Lo que Mank y sus coautores documentan con una minuciosidad que oscila entre lo académico y lo morboso es que la vida real de estos hombres era bastante más extrema que cualquier cosa que hicieran en pantalla. Falsificaron Rembrandts y los colocaron en museos de primer nivel. Organizaron fiestas de una semana en yates que amenazaban con hundirse. Barrymore reinterpretó a Hamlet como un hijo con fijación edípica en una producción de Broadway que escandalizó a la crítica. Y hay un miembro del grupo que sobrevivió a un campo de prisioneros recurriendo al canibalismo. Así, sin más.

No está traducido al español, lo cual es una lástima, pero si entiendes inglés escrito es una de esas lecturas que te dejan con la sensación de haber asomado la cabeza a un Hollywood que el Hollywood oficial lleva décadas intentando olvidar. Para quien prefiera una entrada más amable al tema, existe también Hollywood’s Original Rat Pack: The Bards of Bundy Drive, de Stephen C. Jordan, más ligero de tono y menos inclinado al abismo. Pero si has llegado hasta aquí desde el artículo del cadáver de Barrymore, probablemente ya sabes cuál de los dos es el tuyo.
