Como hemos hablado tanto últimamente de Joan Crawford y del gran William Castle por aquí, ya era hora de poner exclusivamente en el punto de mira a Strait-Jacket. Esta película es una auténtica joya de terror camp, donde Crawford, reina del drama clásico, se lanza sin miedo a un papel que le exige decapitar más que corazones. Bajo la batuta del maestro del susto barato pero efectivo, Castle, lo que pudo haber sido un delirio de bajo presupuesto se convierte en un espectáculo deliciosamente desquiciado.
La trama gira en torno a Lucy Harbin (Crawford), una mujer que, tras sorprender a su esposo en flagrante adulterio, lo decapita a él y a su amante con un hacha. Después de pasar 20 años en un manicomio, Lucy es liberada y regresa a vivir con su hija, pero pronto empieza a sentirse acosada por recuerdos de su crimen… o tal vez algo más siniestro. Strait-Jacket juega con el suspense hasta el último momento, mezclando el terror psicológico con el toque estilizado y algo exagerado de Castle, lo que le otorga a la película un encanto irresistible.
Joan Crawford en su última gran actuación
Para muchos, Strait-Jacket representa el último gran papel de Crawford en el cine. Después de una carrera colmada de éxitos en los años 30 y 40, con títulos como Mujeres y su Óscar por Alma en suplicio (Mildred Pierce), la estrella de Joan comenzaba a decaer en los 60. Sin embargo, lejos de resignarse, Crawford encontró un nuevo nicho en el cine de terror. Tras el éxito de ¿Qué fue de Baby Jane? en 1962, junto a Bette Davis, la actriz decidió continuar en este género y abrazó el papel de Lucy Harbin con una energía brutal.
Pero no todo fue sencillo en el set. A sus casi 60 años, Crawford era conocida por ser extremadamente profesional, aunque también exigente. En el rodaje, insistió en traer su propio equipo de peluquería y maquillaje, asegurándose de que incluso en los momentos más caóticos, su personaje luciera impecable. Castle, siempre el showman, se mostró encantado con tener a una leyenda como Joan Crawford en su película, aunque se dice que la tensión en el set era palpable, especialmente cuando Crawford sentía que las condiciones de trabajo no estaban a la altura de sus estándares.

El hacha, el marketing y William Castle
William Castle era más que un director; era un maestro del marketing y sabía que Strait-Jacket necesitaba más que a Joan Crawford para captar al público. Al estilo de sus famosos trucos publicitarios, Castle envió a Crawford a hacer promoción por todo el país, a menudo apareciendo con un hacha en la mano. Se cuenta que durante una de estas presentaciones en un cine, Crawford incluso firmó autógrafos a los fans… con un hacha. Esta combinación entre la actriz más glamorosa de Hollywood y el cine de terror barato de Castle resultó en una sinergia perfecta para atraer a las masas.
Castle también aprovechó su fama como director de cine de terror con toques macabros, añadiendo su característico toque de showman a la película. Utilizó efectos visuales simples pero efectivos para las escenas de decapitación y jugó con las luces y sombras para aumentar la tensión. Y, por supuesto, no podían faltar sus trucos publicitarios. Para el estreno, Castle distribuyó pequeños hachas de cartón a los espectadores, lo que generó expectación y un ambiente casi de carnaval en las salas de cine.
Un legado de culto
Aunque Strait-Jacket fue recibida con críticas dispares en su estreno hoy en día se aprecia tanto por su atmósfera tensa y retorcida como por la monumental interpretación de Crawford. La actriz, aunque en un papel que muchos habrían considerado “por debajo” de su nivel, eleva la película a un nivel que quizás nunca habría alcanzado sin su presencia.
Strait-Jacket no es solo un thriller psicológico; es un testamento del poder de la actuación de Crawford y de la capacidad de Castle para transformar una premisa sencilla en algo mucho más entretenido. Si bien no es su mejor película, ciertamente es una de las más memorables, especialmente para los fans de Crawford que disfrutan viéndola desatarse con furia y elegancia al mismo tiempo.
