House of Frankenstein (1944) es la película donde Universal Studios decidió que más es más, y que si tienes a Drácula, al Hombre Lobo, al monstruo de Frankenstein, y a un científico loco en tu catálogo de monstruos, lo lógico es meterlos a todos en una sola película. Lo que podría haber sido una obra maestra de horror gótico terminó siendo una especie de espectáculo circense, pero uno que resulta difícil no disfrutar.
La trama sigue al Dr. Gustav Niemann, interpretado por Boris Karloff, que tras escapar de prisión, decide vengarse de quienes lo encerraron. Y para ello, ¿qué mejor plan que resucitar a una serie de monstruos legendarios y desatar el caos? Karloff, que había encarnado al monstruo de Frankenstein en las primeras películas, aquí cambia de rol y demuestra que no necesita tornillos en el cuello ni maquillaje verde para resultar aterrador. Su interpretación de Niemann es un recordatorio de por qué Karloff era un maestro del género: su presencia en pantalla es magnética, y su voz grave añade un peso que hace que cada una de sus líneas resuene con una amenaza velada.
En el papel del monstruo de Frankenstein está Glenn Strange, un actor y cantante de música country que, por su altura imponente, fue seleccionado para el papel. Aunque Strange no tuvo mucho que decir—el monstruo sigue siendo el mismo ser prácticamente mudo—, logró imponer una figura imponente que daba continuidad al legado que Karloff inició. Un dato curioso: durante una escena en la que Strange debía cargar a la actriz Elena Verdugo, se lesionó la espalda, lo que hizo que Karloff, quien estaba presente en el set, acudiera en su ayuda para completar la escena. Es una anécdota que demuestra el compañerismo entre los actores y cómo Karloff seguía comprometido con su papel, incluso cuando no estaba interpretándolo.
Lon Chaney Jr. regresa como Larry Talbot, el trágico Hombre Lobo, un papel que prácticamente se convirtió en su sello personal. Chaney Jr. logra transmitir el tormento de Talbot, que más que un monstruo, parece un hombre atrapado en un destino cruel del que no puede escapar. Se dice que durante el rodaje, Chaney se sentía tan identificado con el sufrimiento de su personaje que en ocasiones tomaba más de un trago para lidiar con la presión, lo que añade una capa de autenticidad a su actuación.
John Carradine asume el papel de Drácula, con una interpretación un tanto distinta a la de Bela Lugosi, su predecesor. Carradine trae un aire aristocrático al vampiro, con una elegancia que contrasta con el tono más rudo del resto de los personajes. Aunque su interpretación no alcanzó la iconografía de Lugosi, tiene un cierto encanto, y el riesgo que casi sufrió durante una escena con un caballo desbocado en el set le añade una pizca de leyenda a su interpretación.

El rodaje de House of Frankenstein estuvo lleno de desafíos, desde los complicados efectos de maquillaje hasta las dificultades de coordinación entre los distintos actores, todos con personajes igualmente icónicos. Sin embargo, el esfuerzo valió la pena: la película, a pesar de sus tramas enrevesadas y su tendencia a meter a demasiados monstruos en un solo guion, se mantiene como un clásico del cine de terror, un reflejo del intento de Universal de capturar una vez más la magia de sus películas anteriores.
Aunque la película no sea una obra maestra del horror ni una narrativa coherente, House of Frankenstein tiene un valor innegable como un cruce de caminos en la historia del cine de monstruos. Es como si Universal hubiera decidido organizar una última reunión de sus grandes estrellas antes de que el género cambiara para siempre. Y en ese sentido, la película es un tributo a una era dorada del cine de terror, cuando los monstruos no solo asustaban, sino que también tenían alma.
