Ya, ya sé que la mítica canción compuesta por Mack Rice y popularizada por The Wicked Pickett se llama «Mustang Sally«, pero aprovechando los nombres de los coches y la manía que tenemos en este santo país de pronunciar como una ‘a’ cualquier ‘u’ que nos encontremos en el idioma de Shakespeare, he pretendido hacer un juego de palabras que al final ha quedado tan tonto e insulso como la propia Sully.

Como no tengo intención de usurparle el puesto de killer de las críticas a Marta (véase Café Society), me voy a abstener de machacar punto por punto esta suerte de telefilm dominguero que se ha sacado de la manga el autor de Bird.

Imagino que el señor Eastwood, que tal y como dijo tranquilamente en un tuit va a ser muy feliz en lo que le queda de vida gracias al triunfo de Trump, estará contento con el resultado de su última obra pero yo como espectador le rogaría que se abstuviese de seguir haciendo cine.

Clint Eastwood hablando con una silla

Que dedique sus últimos años a observar en lo que se convierte su querida América, porque por mucho que a algunos nos repugnen sus ideas políticas, siempre acudimos con ilusión a ver cualquier película que lleve su nombre. Desde Gran Torino, el hombre que hablaba con las sillas no nos ha dado nada que valga el precio de la entrada.