Grandes Secundarios - Burgess Meredith Grandes Secundarios - Burgess Meredith

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Grandes secundarios del cine clásico (VIII) – Burgess Meredith

Qué tipo más entrañable. ¿Quién no le recuerda, al menos, como el entrenador de Rocky Balboa? Burgess Meredith contaba ya casi setenta años cuando interpretó ese papel y no cabe duda de que le proporcionó cierto reconocimiento, pero su carrera profesional hasta ese momento había sido una de las más prolíficas del show business.

El Gran Leblogski

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Burgess Meredith, qué tipo más entrañable. ¿Quién no le recuerda, al menos, como el entrenador de Rocky Balboa? Burgess Meredith contaba ya casi setenta años cuando interpretó ese papel y no cabe duda de que le proporcionó cierto reconocimiento, pero su carrera profesional hasta ese momento había sido una de las más completas y extensas del show business. El caso de Meredith es uno entre muchos de celebridades norteamericanas cuya fama no llegó a traspasar apenas las fronteras de su país.

Dos de sus primeros trabajos se encuentran entre mis favoritos. En Lo que piensan las mujeres (That Uncertain Feeling) da vida al inolvidable Alexander Sebastian, uno de los personajes más excesivos y estrafalarios de las comedias de finales de los años 30 y principios de los 40 y, teniendo en cuenta la locura generalizada que imperaba en ese género, eso es mucho decir. Aunque he hablado en otras ocasiones de esta deliciosa película de Lubitsch, aprovecho de nuevo la ocasión para recomendarla fervientemente.

Burgess Meredith, Merle Oberon y Melvin Douglas en Lo que piensan las mujeres

Burgess Meredith, Merle Oberon y Melvin Douglas en ‘Lo que piensan las mujeres’

En Al fin solos (Second Chorus) y bajo la dirección de otro mago de la comedia, H.C. Potter, se enfrenta a Fred Astaire en una lucha encarnizada por formar parte de la orquesta del gran Artie Shaw (que se interpreta a sí mismo) y cómo no, por conseguir el amor de la protagonista femenina, Paulette Goddard. En el film Astaire consigue ambas cosas, pero en la vida real Burgess se casaría cuatro años después con la encantadora Paulette. Juntos protagonizarían también Memorias de una doncella (The Diary of a Chambermaid) y Una encuesta llamada milagro (On Our Merry Way).

Burgess Meredith, al igual que muchos de sus colegas, sirvió en la Segunda Guerra Mundial. Además, no perdió la oportunidad de colaborar en proyectos cinematográficos relacionados con el conflicto. El primero de ellos fue The Rear Gunner (1943), un cortometraje propagandístico en el que compartía reparto con nada menos que Ronald Reagan. Dos años más tarde protagonizó, junto a Robert MitchumTambien somos seres humanos (Story of G.I. Joe) en la que Buguess encarna a Ernie Pyle, un famoso corresponsal de guerra ganador del premio Pulitzer. Pyle había conseguido que el Congreso americano duplicara la paga asignada para los soldados gracias a unos artículos que había escrito explicando las condiciones en las que luchaba la infantería (los G.I.) y murió en combate en Japón el 18 de abril de 1945, meses antes del estreno de la película.

En 1950, y casi sin habérselo propuesto, nuestro hombre dirige El hombre de la torre Eiffel (The Man on the Eiffel Tower). Siempre que Charles Laughton figure en los títulos de crédito de una película podemos contar con un buen número de anécdotas y problemas, y esta no fue una excepción. El director de este notable film tenía que haber sido Irving Allen (que también era uno de los productores), pero el orondo actor inglés tardó sólo tres días en amenazar con abandonar el rodaje si Meredith no se encargaba de finalizar el trabajo. Así se hizo, con el propio Laughton dirigiendo las escenas en las que Burgess aparecía delante de las cámaras. El resultado gustó tan poco a Allen que retiró de la circulación todas las copias. Afortunadamente se recuperaron algunas y recuerdo que la pasaron hace tiempo por televisión. También se puede conseguir en DVD, aunque con mala calidad de imagen y sin ningún making of. Eso sí que sería digno de verse.

Henry Bemis (Burgess Meredith) en 'Time Enough at Last'

Henry Bemis (Burgess Meredith) en ‘Time Enough at Last’

Otto Preminger, que siempre se había caracterizado por saltarse las normas oficiales y no oficiales establecidas por la industria hollywoodiense (el “Production Code“, la caza de brujas) rescató a Meredith a principios de los años 60 del exilio televisivo al que estaba confinado por su oposición al mccarthysmo. Junto a Preminger rodó seis películas, pero fueron precisamente sus intervenciones en la pequeña pantalla las que más éxito le reportaron en esa época. Participó en cuatro capítulos de The Twilight Zone entre los que destaca ‘Time Enough at Last’, una pequeña joya que ha acabado por formar parte del folclore americano. Por ejemplo, Futurama y Padre de familia han rendido tributo a tan memorable episodio.

Y qué decir de sus más de veinte intervenciones interpretando al malvado Pingüino en el Batman catódico. Aquí se considera una serie de culto, conocida por unos pocos fanáticos, pero en Estados Unidos tuvo un éxito fabuloso en los tres años que se mantuvo en antena. Tan demandado y “querido” por el público era el personaje de Burgess Meredith que los productores siempre tenían un guión preparado por si el actor sacaba algo de tiempo para representar al palmípedo villano.

Burgess y Catwoman (Lee Meriwether)

Burgess y Catwoman (Lee Meriwether)

Burgess no dejó nunca de trabajar en cine, TV o teatro, en el que además de actuar en Broadway frecuentemente, dirigió con éxito varias representaciones. En 1960 ganó un premio Tony y en 1974 consiguió una segunda nominación gracias a su adaptación del ‘Ulysses’ de Joyce. Dos fueron también las ocasiones en las que estuvo nominado para los OscarEl día de la langosta (The Day of the Locust) fue la primera y Rocky, al año siguiente, la segunda, pero no consiguió llevarse ninguna estatuilla a casa.

Casi al final de su vida nos alegró la nuestra con sus atómicas interpretaciones en Dos viejos gruñones (Grumpy Old Men) y su secuela Discordias a la carta (Grumpier Old Men). Quizá no sean obras maestras del séptimo arte, pero sólo por tener a Jack Lemmon, Walter Matthau y Burgess Meredith juntos en acción merece la pena revisar estos dos films de vez en cuando.

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Noely
Miembr@

Muy fan de los gruñones y claro que le conocía de Rocky. The Twilight ZOne, una asignatura pendiente.

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Grandes secundarios: Edward Everett Horton

El Gran Leblogski

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Moviecrazy - Edward Everett Horton

Si Edward Everett Horton pudiera hacer una presentación antes de proyectar alguna de sus películas, lo haría igual que Troy McClure en Los Simpson: “Me recordarán de otras películas y series de televisión como…” y ese como ascendería a ¡casi 200 títulos! Y, a diferencia del pobre Troy, a Everett Horton sí que le recordaríamos.

No creo que haya nadie que haya visto algo de cine clásico y no sepa de quién estamos hablando. Quizá no por el nombre, pero al ver las fotos (bien acompañado por Carmen Miranda en la segunda) seguro que le habéis asociado con alguna de las películas que hizo junto a Fred Astaire y Ginger Rogers —The Gay Divorcee, Top Hat y Shall We Dance— o quizá en algún film dirigido por Ernst LubitschTrouble in Paradise , Design for Living, The Merry Widow, Angel y Bluebeard’s Eighth Wife— o por Frank CapraLost Horizon, Arsenic and Old Lace y Pocketful of Miracles—.

Moviecrazy - Carmen Miranda y Edward Everett Horton

Carmen Miranda con Edward Everett Horton

Horton no solo hizo cine y televisión. Colaboró con asiduidad en diversos programas de radio donde llegó a tener su propio show y estuvo muy ligado al teatro, ya que además de actuar en diversas obras fue director del Majestic Theatre de Los Ángeles a finales de los años 20, dando trabajo allí a algunos de sus amigos actores cuando no eran contratados por los estudios cinematográficos. Por aquella época, también impartió clases de dicción a alguna de las estrellas hollywoodienses durante la transición del cine mudo al sonoro.

Por lo que a mí respecta, el habitual título de ‘secundario de lujo’ se queda muy corto en este caso. En los años en los que casi cada película de Hollywood era una fiesta, Edward Everett Horton convertía con su presencia cualquiera de ellas en algo muy especial.

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Lo que el viento se llevó – Análisis

Mari Carmen Fúnez

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Lo que el viento se llevo - Mari Carmen Funez

No sé cuántas veces he visto Lo que el viento se llevó. Soy capaz de recordar escena por escena, diálogo por diálogo de una de las películas más importantes de la historia del cine, y la preferida de la que suscribe esta entrada. Al margen de la retahíla de premios ganados por la película, de la enorme producción con un presupuesto de más de 4 millones de dólares, hasta entonces nunca invertidos en ningún otro largometraje, convirtiéndola en la película más lujosa y espectacular filmada hasta ese momento, creo que es una de las películas más perfectas que se han hecho nunca por distintas razones.

A pesar de que en los créditos aparece Victor Fleming como único director de la película, lo cierto es que Lo que el viento se llevó pasó por la batuta de varios directores, empezando por George Cukor que abandonó el rodaje para dirigir Mujeres, pero siguió dirigiendo clandestinamente a Vivien Leigh y Olivia de Havilland ayudándolas con sus respectivos papeles. Otros directores que tomaron las riendas en distintos momentos del rodaje fueron Sam Wood, que sustituyó a Fleming en una de sus espantadas de varios días por desavenencias con la protagonista, y por supuesto el productor de la película, David O. Selznick, que contribuyó a la dirección tanto o más que los mencionados directores. Selznick personalmente influyó en el diseño de vestuario, en el departamento de maquillaje para realzar la belleza de su protagonista tanto en el lujo como en la pobreza, en la dirección de fotografía dando instrucciones al departamento de iluminación y filtros, e incluso adaptando sus ideas del color a los expertos de Technicolor, logrando así la maravilla cromática que acabó siendo Lo que el viento se llevó. Nunca antes se habían visto los rojos del atardecer con tanta intensidad como en esta película, ni una panorámica tan espectacular como la que la cámara va recogiendo mientras se abre para mostrar toda la estación de Atlanta plagada de cuerpos moribundos, terminando con la bandera confederada hecha jirones en primer plano.

Analisis - Lo que el viento se llevo - Bandera

Lo que el viento se llevó es además una de las pocas historias que en aquella época se hacían sobre un conflicto armado, en el que no se incluía ninguna imagen de las batallas, sino que se incidía más en las consecuencias económicas, morales y emocionales del resultado de la guerra, con escenas tan potentes como la del músico llorando por la pérdida de un ser querido mientras toca el himno confederado para mantener el ánimo de los ciudadanos de Atlanta. Además, el hilo conductor de la película es una historia de amor a tres bandas, otra de las diferencias con las películas belicistas existentes, y protagonizada por una mujer. La historia que todos conocemos es la de la joven y alocada Escarlata O’Hara que descubre que su gran amor Ahsley se va a casar con su prima el mismo día en el que se declara la Guerra de Secesión americana. Narrada desde el bando confederado, se muestran los desastres de la guerra mientras Escarlata trata de huir de Atlanta precisamente con la esposa de su amado y volver junto a su familia en la hacienda que poseen en los vastos campos de Georgia. Tras enviudar dos veces, acepta casarse con el renegado Rhett Butler con quien mantiene una relación tormentosa sin olvidar a su querido Ashley.

Inolvidable también es su mítica banda sonora compuesta por Max Steiner, perfecta partitura que dota de, aun si cabe, más fuerza a la película. Las piezas que Steiner compuso para los distintos paisajes o personajes de Lo que el viento se llevó, son ya parte de la historia sonora del cine, con temas tan bellos y alegres como los que acompañan a las escenas de baile o la de la fiesta con la que se inicia la película, reflejo del esplendor que reinaba en los estados sureños, y que poco a poco van tomando forma de orquestaciones épicas y dramáticas a tono con el desarrollo de la historia. Pero el tema más recordado es sin duda el tema de Tara que se escucha en los créditos iniciales, finales y en escenas tan inolvidables como en la que Escarlata totalmente devastada, jura por Dios que nunca volverá a pasar hambre, y que da paso a lo que se considera la segunda parte de la película. Y es que Lo que el viento se llevó, a pesar de ser concebida como una única película, tiene dos partes bien definidas. Su excesivo metraje de casi cuatro horas de duración, dividen la trama entre los años de la guerra primero y las consecuencias de ésta después, dando más importancia en esta segunda mitad a la historia de amor entre Escarlata y Rhett.

Analisis - Lo que el viento se llevo - Scarlett

Otro de los aspectos que hace única Lo que el viento se llevó, es una de las galerías de personajes más desarrolladas y con unas personalidades mejor definidas de la historia del cine. Rhett Butler, vividor y especulador que aprovecha la guerra en beneficio propio sin tomar partido por un bando u otro. Enamorado de Escarlata, no soporta la idea de no ser correspondido por su mujer, obsesionada por otro hombre. Ashley Wilkes, el tercero en discordia, un pusilánime cobarde y egoísta, más preocupado por el honor, las apariencias y por las leyes no escritas de los caballeros del sur que por aceptar sus propios sentimientos, aunque ello signifique dañar los de otra persona. Melania Hamilton, esposa de Ashley, una mujer bondadosa y generosa capaz de pasar por alto que hay otra mujer enamorada de su marido, por su capacidad de agradecimiento hacia ella por salvarle la vida.

El personaje de Melania resulta de entrada irritante por esa bondad que rezuma por los cuatro costados, pero es la catalizadora que mantiene la paz y la cordura entre quienes la rodean. El elenco de personajes secundarios es igualmente rico en matices, sin que exista prácticamente alguno que no aporte algo a la historia ni que sea único y reconocible, empezando por la primera actriz afroamericana en ganar un Oscar por su papel en esta película, que no es otra que Hattie McDaniel por su papel de la gran Mammy, esclava de la familia O’Hara que hace las veces casi de figura materna para Escarlata, o uno de los grandes secundarios durante 3 décadas como fue Thomas Mitchell, interpretando al patriarca de los O’Hara estricto y condescendiente a la vez con sus hijas, enloquecido por la pena de la guerra y la muerte de su mujer.

Moviecrazy - Lo que el viento se llevo - Escarlata Ohara y Mammy

Pero indudablemente, Lo que el viento se llevó tiene un solo nombre: Escarlata O’Hara. Escarlata es la película, es la historia concebida por Margaret Mitchell y a día de hoy uno de los personajes más maravillosos que existen en el Olimpo de la cinematografía universal. No es de extrañar que miles y miles de actrices del momento se disputaran el papel con uñas y dientes, y que incluso los fans de la obra de Mitchell inundaran el buzón de Selznick con propuestas para el personaje. Pero sólo una actriz estaba destinada a ser Escarlata. “Quiero presentarte a Escarlata O’Hara” fueron las palabras que el agente de Hollywood Myron Selznick le dijo a su hermano el 10 de diciembre de 1938 mientras observaba arder los decorados de King Kong simulando el incendio de Atlanta, señalando a una joven actriz llegada de Inglaterra de la mano de su amante Laurence Olivier, la bellísima Vivien Leigh.

Su elegancia británica, la delicadeza de su rostro, su mirada intensa y fría a la vez y su naturaleza depresiva y neurótica, dotaron a Escarlata de una personalidad arrolladora difícilmente superada por cualquier otra actriz que le hubiera dado vida. Escarlata es un ser contradictorio. Tiene un corazón frágil que se rompe cada vez que su capricho inalcanzable Ashley le niega su amor, y a la vez una mente fría y calculadora capaz de hacerla levantar de cualquier caída con más fuerza y sobrevivir a cualquier precio. Muchos tachan a Escarlata de egoísta y manipuladora, pero sabedora de su poder de seducción con los hombres, lo utiliza en pro no sólo de su propia supervivencia, también de la de su familia, sus tierras y hasta de la mujer que ella considera que le ha arrebatado al amor de su vida. Una de las frases más famosas de la película, “…aunque tenga que estafar, ser ladrona o asesinar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre”, condensa toda la fuerza y el espíritu de superación tan grande que Escarlata posee en su interior y que disfraza de puro egoísmo ante los demás, hasta el punto de ser capaz de casarse con el prometido de su hermana sólo para sacar a la familia de la ruina. Ni siquiera cuando cree ser consciente del amor que siente por Rhett y éste la abandona, pierde sus ganas de luchar y su capacidad para priorizar sus intereses, “volveré a Tara, la recompondré, saldré adelante y después pensaré cómo hacerle volver”, son los pensamientos de alguien que no se rinde jamás por muy duros que sean los palos que la vida le da.

Moviecrazy - Escarlata y Rett

A pesar de rodarse en poco más de 100 días, la preparación previa de Lo que el viento se llevó llegó a durar casi tres años, entre adaptaciones de la novela, búsqueda de los protagonistas y desacuerdos entre directores que hacían presagiar un gran descalabro de la película. Afortunadamente no sólo no lo fue sino que hasta muchos años después siguió siendo la película más vista y rentable de la historia. Lo que el viento se llevó es más que una película, es una experiencia maravillosa que merece ser vivida al menos una vez en la vida, de la que cada vez que se ve se sacan nuevas lecturas y nuevos aspectos en los que no se había reparado antes. Evidentemente, recomendable al 100%.

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